Rincon Tranviario
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Locomotoras eléctricas del F.C. Urquiza (I)

La historia de la tracción eléctrica en nuestro país se circunscribe casi por completo a coches motor, aunque hubo un pequeño número de locomotoras con una curiosa historia.

Por Andrés J. Bilstein
Publicada el 27-01-2015

El primer antecedente en la incorporación de locomotoras eléctricas de Argentina tuvo lugar en 1907 cuando el Ferrocarril Central de Buenos Aires incorporó tres unidades construidas por la firma británcia Dick Kerr (cantidad que se ampliaría a ocho unidades algún tiempo después) y que, junto con las dos locomotoras incorporadas en 1916 por el Ferrocarril del Oeste, constituyeron por muchos años los únicos exponentes de este tipo de unidades en nuestro país.

Tras la nacionalización de los ferrocarriles a fines de los años 40 el Gobierno Nacional adquirió un importante número de tranvías pertenecientes a la Pacific Electric de los Estados Unidos con objeto de renovar el parque de coches eléctricos del flamante Ferrocarril General Urquiza (ver nota) y, junto con ellos, cinco locomotoras cuyo origen disímil no estaba exento de curiosidades.

Las dos primeras habían sido ordenadas a la Baldwin Locomotive Works y Westinghouse Electric & MFG Co. (B&W) por el ferrocarril cubano “Central Limones” al que finalmente nunca sivieron ya que la compra fue cancelada poco antes de su entrega, siendo finalmente adquiridas por la Pacific Electric para servir la línea Lake Arrowhead con los números 1590 y 1591 (950 y 951 cuando se incorporaron al Urquiza).

Dos unidades similares a las anteriores fueron construidas por la misma firma para la forestal Red River Lumber, que en 1927 electrificó sus líneas de trocha estándar para evitar los riesgos que presentaba el empleo de locomotoras de vapor. Numeradas como 203 y 204 estas dos locomotoras solían trabajar acopladas ofreciendo un singular espectáculo al remolcar largos trenes de troncos por los bosques del oeste californiano. Quiso el destino que una de las pocas veces que circularon separadas protagonizaran una fuerte colisión entre sí que las dejó fuera de servicio por largo tiempo, recuperándose primero la 203 (953 cuando llegó a nuestro país) y varios meses después la 204, aunque luciendo un aspecto completamente diferente al que mostraba antes de aquel infortunio. Ambas siguieron prestando servicio hasta el cierre de la compañía en 1943. Poco tiempo después fueron alquiladas por una empresa californiana que les eliminó los enormes pantógrafos que portaban y les colocó patines colectores en los bogies para servir en tareas de maniobra liviana interna en los talleres de la compañía. Finalmente, hacia 1947 fueron adquiridas por la Pacific Electric que entre otras reformas le incorporó un trole sobre el techo y las identificó como 1592 y 1593. La locomotora que resta en esta historia fue fabricada en 1923 en los talleres Torrence de la misma empresa utilizando partes de otras máquinas fuera de servicio. De diseño diferentes a las anteriores (con cabina central y grandes morros de pronunciada inclinación), recibió el número 1599 y, una vez en nuestro país (donde fue identificada como 954) resultó afectada por un incendio que obligó a una completa reconstrucción (tarea que se desarrolló en el taller Lynch) que incluyó el rediseño de su carrocería (pasando a ser del tipo “boxcab”), reacondicionamiento de los bogies, instalación del puesto de comando sobre el lateral izquierdo, etc.

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