Primera ramaleada del 2010 (parte II)
Para cuando abandonamos Franklin –apenas pasado el mediodía- el cielo se había cubierto por completo y sobre el horizonte comenzaban a divisarse algunas lloviznas lejanas. Tras sortear diversos obstáculos por caminos polvorientos llegamos a Rivas (F.C.G.S.M.) que guardaba las mismas características que las anteriores: un pequeño edificio de pasajeros de una planta (habitado), un refugio de madera y chapa sobre al andén secundario y una cabina de señales desafectada -en un extremo. La siguiente estación sobre el ramal es Castilla, que a diferencia de las anteriores no contaba con cabina de señales en el extremo del andén secundario sino con una variación de ésta –una suerte de galpón con terraza semicubierta que alojaba el marco de palancas, ver la foto abajo- junto al edificio de pasajeros. Siguiendo en dirección oeste –y tras recorrer otros tantos kilómetros por caminos de tierra dignos del circuito “Dakar”- hallamos Rawson, un pequeño edificio de apenas tres dependencias junto al cual se ubica un galpón devenido en “museo ferroviario”. Quizás lo mas curioso sea un extensísimo puente metálico –cruza toda la playa de maniobras- y el desafectado galpón de locomotoras que se ubica casi mil metros en sentido ascendente, fuera del cuadro de estación y junto al camino que varios kilómetros mas allá nos depositaría en San Patricio. Aquí existe solo la estación –no hay urbanización alguna en los alrededores- que parcialmente vandalizada apenas sirve de refugio para algunos animales menores. En el andén frente al edificio se ubica un mínimo refugio (de menores dimensiones que los vistos hasta allí) y un cabin de señales custodiado celosamente por una legión de avispas que no dudaron en atacarme impiadosamente cuando procuré ascender por la maltrecha escalera de madera. Por fortuna, sólo una de ellas pudo burlar mis reflejos (reflejos de correr, saltar y girar en el aire, todo mientras maldecía y lanzaba improperios de calibres varios en seis idiomas y dos dialectos) dejándome una protuberancia punzante en el codo que, no obstante, no alteró mi capacidad como piloto de la Berlingo. Y vaya que fue necesaria, porque teníamos por delante unos cuantos kilómetros para llegar a Chacabuco y apenas unos cuantos minutos nos separaban del horario estipulado para que en aquella se detuviera “El Martita”, última oportunidad de ver un tren esa tarde. Y no pensábamos desperdiciarla (continuará).















Buenisima tu ramaleada, la mejor manera de empezar el 2010.
voy a estar en cordoba hasta el 12 o 13 seguro que cuando llego hablamos y nos juntamos.
abrazo guille