Primera ramaleada del 2010 (parte III)
Cuando salimos de San Patricio (y mientras yo seguía maldiciendo mi suerte por aquella avispa traicionera) nuestras preocupaciones eran dos: abandonar aquel maltrecho camino de tierra antes que la incipiente llovizna se transforme en tormenta (y nuestra improvisada ruta en un lodazal) y llegar a Chacabuco antes que lo hiciera el “Martita”, proveniente de Junin. El primer objetivo lo logramos sin mayor inconveniente, y al cabo de unos cuantos kilómetros desembocamos en la ruta 30 cuando faltaban apenas diez minutos para el horario de pasada del tren. Con la Berlingo dando muestras de su capacidad llegamos al cruce de la ruta 7, y evitando entrar por ésta (que ya estaba algo cargada de tráfico) nos aventuramos en cambio a toda velocidad por las tranquilas calles que apenas se desperezaban luego de la siesta dominical. La corrida, por fortuna, no fue en vano, y estacionamos junto al andén de vía ascendente en el preciso momento que una brillante luz comenzaba a divisarse en el horizonte y los eventuales pasajeros se apretujaban en el andén con sus bolsos y valijas. Aunque la llovizna nos ofreció una tregua temporal, el cielo cubierto no resultaba promisorio a la actividad fotográfica, aunque jugando un poco con el balance de blancos de la cámara logramos algunas tomas interesantes, que son las que ilustran este post.
Una vez que el tren partió, y satisfechos por el concretado encuentro, desandamos el camino –ahora a una velocidad acorde al ritmo de vida dominical chacabuquense- y encaramos nuevamente la ruta 30 con rumbo a Chivilcoy mientras el eventual copiloto me agasajaba cebando unos esmerados mates con sabor a objetivo cumplido. (continuará)





