La escala N cumple medio siglo

Publicidad de la firma Arnold de 1968Para encontrar el origen de esta hoy popular escala debemos remontarnos a mediados de 1960 cuando la firma británica Lone Star presentó algunos modelos en escala 1:152 (exactamente la mitad de tamaño que la escala 00, 1:76) que operaba en vías de 9 mm de trocha y bautizó “escala OOO”. La primera en recoger el guante fue Arnold, de Alemania Occidental, que en 1963 presentó una amplia línea de modelos en escala 1:160 para operar en las mismas vías de aquella. Poco tiempo después Trix presentó su línea “minitrix” dedicada a esta misma escala y lo mismo hizo el año siguiente Kato en Japón.
Pese a su creciente popularidad en Europa, la nueva escala no fue introducida en Estados Unidos sino hasta mediados de 1965 cuando, además, fue rebautizada como “escala N” (por “nine”, nueve en el idioma sajón, referido a la distancia entre rieles) a expensas de las publicaciones Railway Modeller y Model Railroader.
El potencial de la nueva escala no tardó en evidenciarse. Abrían una puerta al ferromodelismo a quienes no contaban con espacio para una maqueta de las escalas por entonces populares. Y quienes tenían un espacio medio (un cuarto de huéspedes o garaje amplio, por ejemplo) podían construir la maqueta de sus sueños y correr trenes largos a través de un escenario proptotípico. Con estos antecedentes no era extraño suponer que la escala N desplazaría definitivamente al H0 de las maquetas del mundo pocos años más tarde, algo que sin embargo no ocurrió (excepto en Japón donde el crecimiento fue, desde entonces, exponencial). Recién entre 1983 y 1988 la popularidad de la escala N se incrementó en un 30%, especialmente entre quienes la adoptaron como “escala secundaria” a su ya existente colección de trenes en H0.

Locomotora escala N

No es difícil imaginar los motivos para este crecimiento. La tecnología de entonces no era la de hoy, y para evitar descarrilamientos los trenes corrían por vías de código 80 (enormes para esta diminuta escala!) lo que resultaba antipático a los más perfeccionistas. Asimismo, el funcionamiento de las locomotoras era bastante irregular, incluso entre diversos modelos de la misma marca. Esto, claro, ha cambiado radicalmente en los últimos años. Hoy por hoy, los modelos en escala N de marca reconocida tienen un andar similar (sino mejor, muchas veces) que sus pares en H0. ¿El futuro? Nadie puede saberlo. Pero aunque es improbable que desplace a las escalas más grandes como en algún momento se aventuró, es indudable que en este medio siglo de vida se ha ganado un lugar de privilegio en el corazón de los ferromodelistas.