Cuando las lluvias trajeron al tren

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Con un registro de lluvias cercano a los 900 mm acumulados en apenas tres meses, la provincia de Buenos Aires recibía al otoño de 1993 con un importante número de poblaciones aisladas como consecuencia del anegamiento de rutas y caminos vecinales.  En este contexto, a instancias de un grupo de tenaces defensores del modo ferroviario, el entonces Intendente municipal de Navarro Santiago Maggiotti con el apoyo de otros jefes comunales de la región impulsó la implementación de un diagrama de emergencia con cabecera en la estación Villars del Ferrocarril General Belgrano (ex Compañía General de Buenos Aires) que debutó el 27 de abril de ese año con dos frecuencias diarias a Moquehuá.

El servicio resultó de fundamental importancia para las poblaciones que sirvió. En la foto con la Cooper 5769 al frente detenido en la estación Navarro. Foto de Juan C. González.

Para el nuevo diagrama fue afectado un veterano coche Tafí Viejo (que conservaba la decoración marrón que FA había abandonado a fines de los años ’70) remolcado por una General Electric Cooper por ser una de las pocas que la pobre infraestructura del ramal podía soportar. La experiencia no tardó en revelarse positiva y el 9 de junio el servicio extendió su recorrido hasta la estación Patricios (en el partido de Nueve de Julio) siendo recibido con gran emoción por habitantes y autoridades. Para entonces la locomotora había sido reemplazada por otra Cooper (Nro. 5742) y el coche por un Werkspoor de 1953 (U.4324), que ocasionalmente corrieron juntos duplicando la capacidad del convoy. La locomotora titular del servicio, por su parte, también fue rotando entre distintas unidades (5769, 5741, 5742 y 5758) en función de la disponibilidad de tracción.

Desafortunadamente la iniciativa coincidió con la etapa de liquidación de Ferrocarriles Argentinos, y para el mes de octubre la frecuencia había sido reducida a un solo servicio diario disminuyendo considerablemente las cantidad de pasajeros transportados. Finalmente, el 4 de enero de 1994, cuando buena parte del personal afectado dejó de cobrar su salario y miraba con pobre expectativa su futuro laboral, la locomotora apagó su motor en Villars cerrando una historia con ribetes de epopeya que encontró en la lluvia su justificación y en el compromiso y decisión política el camino para hacerse realidad. (Agradecimiento: A los Sres. Jorge de Mendonca, Carlos Skerk, Darío Saidman y grupo Plataforma 14 por su valioso aporte).

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