FADEL, Saccaggio y la Justicialista: anhelos de la Argentina potencia (segunda parte)

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La Nro. 2 en Liniers, próxima a iniciar su primer viaje de pruebas. Nótese la placa con la leyenda «FADEL» sobre el parabrisas central.

En marzo de 1953 la N° 1 alcanzó los primeros 100 mil kilómetros recorridos originando un extenso informe de Saccaggio al Ministro de Transportes Maggi, donde se registran algunos datos de interés: la Justicialista recorría diariamente 850 kilómetros de ida y vuelta Constitución-Mar del Plata, con un intervalo de dos horas y media en la última ciudad. El recargo de tráfico en esa ruta le originaba demoras inevitables que sobrepasaban los 30 minutos en cada viaje, tiempo que la Justicialista podía recuperar. En efecto esta locomotora superaba los 120 km/h con relativa facilidad. Para la misma prestación se necesitaban tres locomotoras de vapor de primera línea.

En un viaje, la Justicialista no pudo responder a una señal a peligro y en una estación cercana a Mar del Plata colisionó de frente a un par de vaporeras que tenían prioridad. El hecho publicado en los diarios de la época, empero, no empañó la vasta publicidad de las prestaciones de la N° 1. En estos primeros cien mil kilómetros el mantenimiento de la locomotora se limitó a las tareas de rutina. Se habían arrastrado trenes de 600 toneladas a velocidades de 120 y 140 km/h sobre rieles de 42 kg/m y 1200 durmientes por kilómetro, descansando gran parte de éstos sobre balasto de tierra.

La Justicialista con el tren «El Marplatense», servicio en el que se destacaría hasta su radiación.

Pero el punto sobre el que Saccaggio hacía hincapié era el desgaste mínimo que habían sufrido las pestañas y por ende, los rieles. Si se reducían los desgastes de los rieles, se evitaba su recambio, y si las Fadel eran capaces de mantener y mejorar los horarios en corredores saturados, no había que concentrar esfuerzos en renovar ni en ampliar la red; una buena cantidad de locomotoras suplirían ambas falencias.

En el informe que Saccagio eleva al Ministerio de Transporte destaca el poco desgaste de las llantas de la «Justicialista» en comparación con los trenes eléctricos del Sarmiento.

Y las cuentas decían que esa cantidad era 610 locomotoras concebidas en dos modelos: uno de 2400 HP (395 unidades) y otro de 800 HP (215 unidades) que conservarían la fisonomía original, pero serían ahora de un sólo cuerpo.

El predio utilizado en Liniers resultaba insuficiente para el ambicioso plan. Si bien la primera etapa del proyecto comprendía 140 locomotoras que comenzaron a construirse en Liniers, se dispuso trasladar a Mendoza el asiento definitivo para FADEL. Mientras tanto se contrató con la FIAT la provisión de 280 motores, 80 de ellos fabricados en Italia y los 200 restantes en nuestro país, para lo cual FIAT inauguró una planta especializada en la provincia de Córdoba (Grandes Motores Diesel – GMD).

Sin embargo, todos los proyectos quedarían truncos tras el derrocamiento de Gobierno Constitucional en 1955. Las nuevas autoridades resolvieron la disolución de la FADEL destruyendo las carrocerías que estaban en proceso de montaje. El Ing. Saccaggio, cuya capacidad gozaba de reconocimiento internacional, fue denostado públicamente y sin reponerse al golpe falleció algunos años después sumido en una profunda depresión.

Croquis de las locomotoras «Standard» que serían producidas por FADEL. Colección M. A. Pignataro/Revista Todo Trenes.

Las locomotoras prototipo se retiran del servicio reapareciendo en escena un año más tarde. La Justicialista fue rebautizada como Libertad, la placa del fabricante reemplazada por otra con la inscripción “Roca” y ambas fueron redecoradas en color gris claro con apliques en azul, ocupándose nuevamente del servicio que cumplían previamente a cargo del tren El Marplatense. Sin embargo, por tratarse de ejemplares únicos, su mantenimiento resultaba cada vez más complejo y oneroso, siendo separadas definitivamente del servicio a comienzos de 1963. La radiación formal tuvo lugar recién en 1966, aunque para entonces habían desaparecido de su lugar de estacionamiento en los talleres de Escalada lo que hace presumir que ya habían sido desguazadas.

Por su parte, la entrega de los 80 motores importados y la fabricación de 200 restantes se concluyó sin que hubiera motivo para su utilización. Tras varios proyectos inconclusos, se resuelve utilizarlos en la fabricación de locomotoras de 1000 y 1200 HP que desarrolló un consorcio ítalo-argentino formado por empresas de ambos países (GAIA)  cuya historia merece ser tratada aparte.

La Argentina (Nro. 2) detenida en playa mecánica de Remedios de Escalada en 1961, retratada por Marcelo Arcas.

FADEL: Mito y realidad

¿Fue la Justicialista una proeza mecánica destinada a competir con los más evolucionados diseños en materia de tracción ferroviaria mundial como aseguraba la prensa oficial, o fue un mero fraude de acción propagandística como aseguraban su detractores?. No es sencillo arribar a una respuesta cuando la consideración histórica se encuentra inevitablemente teñida por pasiones que medio siglo después siguen tan vigorosas como entonces en nuestra sociedad.

Tapa de la popular revista PBT destacando la política ferroviaria del peronismo referenciada en el proyecto FADEL.

Los hechos objetivos demuestran que la Justicialista no fue precisamente moderna en su concepción, e incluso adolecía de algunos vicios de diseño que ya habían sido superados por los fabricantes de locomotoras a nivel mundial. Sin embargo, debemos considerar que el Ing. Saccaggio era un septuagenario cuando fue convocado para hacerse cargo del proyecto FADEL y que basó su desarrollo en la iniciativa nacida en los años ’30, por lo que algunas de las soluciones técnicas adoptadas resultaban, cuanto menos, desactualizadas.

Pero, con aciertos y errores, tanto la Justicialista como la Argentina funcionaron razonablemente bien por al menos una década a pesar de las precarias condiciones de su origen, sintetizando el germen de una industria ferroviaria pesada que pudo haber evolucionado favorablemente en los años subsiguientes de no haber sido interrumpida en forma abrupta apenas haberse materializado. La Justicialista no fue la primera ni la más moderna como declamaba la prensa oficialista, pero fue la demostración de la capacidad de hacer en un contexto histórico en que los países en desarrollo avanzaban en el proceso de sustitución de importaciones. Después de todo, fue el propio Presidente de la Nación quien aseguró durante el acto de su presentación: «Nuestro objetivo no es dotar a corto plazo de este tipo de maquinaria a todos los ferrocarriles, pero tiene la realidad de demostrar que los argentinos podemos ocuparnos de estas tareas».

Para leer más:

  • Pastine, J.C. La fábrica argentina de locomotoras, en revista Todo Trenes Nº 66.

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