De Gonzalez Catán a La Plata: memorias de un viaje añorado

Reproducimos a continuación un artículo publicado por El Pasquin de Hobbies en su edición de agosto de 1981. Su autor, el Sr. Julio C. Pastine, nos traslada mágicamente a una fría mañana de julio de 1980 para evocar un viaje añorado entre campos desolados y estaciones que escapan por un rato del olvido.

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Considerado «comercialmente improductivo» por el Ferrocarril Belgrano, la línea de González Catán a Puerto La Plata (vía Etcheverry) presenta al aficionado la especial atracción de todo ramal secundario donde un tren continúa siendo un acontecimiento poco común.

El ramal, identificado con la sigla «G3» para el tramo de González Catán a Etcheverry y «P» para el tramo Empalme Etcheverry a La Plata, se extiende a lo largo de 86,9 km. (contabilizados los 5 km. entre La Plata y Puerto La Plata, sin identificación para el ferrocarril) de territorio escasa y marginalmente poblado, donde solo en la zona aledaña a la estación La Plata (ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires) presenta urbanización continua a los lados de la vía.

Este ramal, literalmente olvidado por directivos y clientes, cuenta como único servicio con un tren de carga local con categoría de «carga y hacienda» los días lunes y viernes en el sentido ascendente (González Catán a Puerto La Plata) identificado con el N° 7314, y los días martes y sábados en el sentido descendente, tren N° 7313.

El personal de conducción y de guardatrenes debe pasar la noche en la estación La Plata luego de retornar como tren N° 8401 (locomotora y furgón) desde Puerto La Plata. Al día siguiente la jornada comienza operando como tren N° 8402 (locomotora y furgón) a Puerto La Plata donde toma la formación de vagones para González Catan.

El exiguo tren con la Werkspoor DEB al frente próximo a partir de Gonzalez Catán.

El trayecto se cumple en unas 5 horas y media, a un promedio de 15,8 km/h. La vía debe ser operada a no más de 40 km/h y a no más de 20 km/h entre La Plata y Puerto. Esta prolija programación resultó ser no del todo confiable, pues luego de pasar dos frías mañanas de inútil espera en González Catán el encuentro definitivo con «el carga» se produce el 18 de julio de 1980, cuando alrededor de las 11.15 se detiene en vía 5 de playa la locomotora 10799 (una decepción, ya que esperaba una English Electric) que procedía de Tapiales con tráfico para el ramal G3.

Técnicamente el local 7314 se origina en González Catan, pero prácticamente el escaso tráfico con que se opera procede de Tapiales o Saenz, haciendo necesario el movimiento extra para traer la carga hasta González Catan.

Luego de varias maniobras en Playa G. Catán por espacio de 15 minutos, queda armado en vía 7 el tren compuesto por la 10799, un vagón cubierto vacío para freno, tres cisternas de petróleo con destino Puerto La Plata y un furgón de cola donde junto a los guardas Bertini y Geret compartiré la experiencia (nueva para mí pero común para ellos) de mover cinco vagones a un costo varias veces superior al beneficio obtenido por el flete de tres de ellos; a lo largo de desolados descampados para servicio de un cliente que todavía cuesta creer cómo confía su carga a una línea que no ha visto mantenimiento en años y donde la única certeza de seguridad es el telegrama de servicio que asegura la vía-libre entre González Catan y Villa Numancia, distante 29,7 km.

Croquis del trayecto realizado por los ramales G3 y P del F.C. General Belgrano [Clic para ampliar]
Resulta justificado y fácilmente compartible el rótulo de «comercialmente improductivo» con el que se califica al ramal pues hoy solo veremos cuatro vagones cubiertos (uno en Villa Numancia y tres en Emp. Etcheverry) con carga que otorga ganancias. Demasiado ínfimo para cubrir los gastos de estos casi 90 kilómetros de vías, tres estaciones y tres operadores capaces de gobernarlas y de saludar a un tonto que pierde su tiempo en fotografiar a este fantasma a quien hasta el sol tiene vergüenza de iluminar.

Una partida lenta para atravesar los cambios y tomar esa cerrada curva a la derecha que nos encamina hacia la ruta 3 y hacia la desolación. ¿Para qué apurarse? tenemos todo el día por delante y después de recorrer unos 2 km. nuestra velocidad debe caer a 10 km. para atravesar la ruta 3 en un cruce a nivel donde los neumáticos de autos y camiones dan más brillo a los rieles que nuestras 48 ruedas de acero a todo el resto del ramal.
Dispuesto a ganar tiempo nuestro conductor permite que los 600 HP de la DEB600 trabajen de una buena vez, y el pequeño puente sobre el que cruzamos el Río Matanza pasa bajo nuestras ruedas a 40 km/h. La vía no es tan mala al fin, los yuyos son bajos y, aunque no existe balasto, el nivel de los rieles es parejo y la marcha suave.

El paisaje, siempre gris y raleado, cuenta solo con algunos hornos de ladrillos y el Aeropuerto Internacional de Ezeiza a la izquierda para otorgarle ciertas elevaciones que distraigan la atención de los ocupantes del furgón, quienes frugal comida mediante han iniciado una charla sobre fotografía y los salarios de los ferroviarios.

El tren próximo a cruzar la ruta 2. Un par de kilómetros mas adelante abandonará el ramal G3 para adentrarse en vías del ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires (ramal P).

El paso por Canning, primera estación del trayecto, casi no se advierte pues se encuentra abandonada aunque muy bien mantenida. Solo una edificación, un tanque de agua y una larga vía de paso justifican la existencia de un lugar con nombre propio aquí.
¡Villa Numancia!. Y más allá de la sorpresa nada más que una pequeña parada para obtener la vía-libre hasta Etcheverry. Hay un operador que nos la entrega y recuerda que mañana se deberá recoger el vagón que descansa en una vía muerta.

Luego de 33 km. de línea casi recta (solamente interrumpido por el silencio y abandono de la estación Buchanan) nos detenemos frente al cruce a nivel de la ruta Nacional N° 2, a escasos 1.000 m. del Cruce Etcheverry visible a nuestra derecha. Con el permiso del capataz de obra que supervisa la colocación de desagües de la ruta que atraviesan el terraplén de la vía, tomamos la curva a la izquierda que nos deposita en Empalme Etcheverry, dejando el G3 y entrando en la estación Etcheverry donde un nuevo boleto de vía libre hasta La Plata nos permite operar sobre el ramal P.

Unos 10 km. más adelante una nueva detención, esta vez en el medio de ningún lugar, donde Bertini cambiará leña por apio con los quinteros del lugar. ¡Ya estamos en La Plata! Y el viaje termina aquí. Hoy no irán a Puerto La Plata pues es muy tarde, quedando mi viaje inconcluso en medio de una estación que ciertamente vivió tiempos mejores y de la que hoy solo es útil el puente peatonal que permite a los habitantes atravesar ese inmenso baldío con sendas de óxido aquí y allá. Mientras otros se dedican a guardar la Werkspoor en un cobertizo, acompaño a Bertini y Geret a su vivienda. Es tiempo de despedidas y agradecimientos. Es tiempo de balance: 8 horas de mi vida pasadas junto al Belgrano, casi 6 horas de viaje, 12 fotografías, un resfrío… ¿No es eso suficiente y reconfortante para un aficionado?

Apéndice: razones para un viaje singular

En el año 2005 la presente nota fue publicada en la revista especializada sólo Trocha Angosta y su autor, Julio C. Pastine, agregó el siguiente texto que ahonda en las razones que motivaron aquel viaje: «Luego de la invitación de esta editorial de volver a editar el texto completo del viaje a La Plata, que en este año 2005 cumple 25 años de realizado, surgió imperiosa la necesidad de contestar la natural pregunta de ¿Por qué se mantiene vivo el interés por un oscuro y remoto ramal después de un cuarto de siglo?.
En mi afán por esclarecer el interrogante he explorado en mi memoria para rescatar las razones de 1980 que motivaron mi búsqueda ansiosa de una oportunidad de viajar. Al encontrarlas dudo por completo respecto a que sirvan para alcanzar la tan deseada respuesta, pero de todos modos quizás sirvan para que esta nueva generación de aficionados descubra el profundo magnetismo que envolvía a la línea.

Durante mi niñez y temprana adolescencia de los años ’70 la zona de piletas populares y recreos en los bosques de Ezeiza era un destino común ( y a la vez económicamente accesible) para nuestras salidas familiares de fin de semana. El camino de acceso a uno de nuestros recreos preferidos cruzaba la línea de trocha angosta en un paso a nivel perdido entre los bosques de eucaliptos. Desde el camino podía verse un pequeño puente sobre un curso de agua que completaba un paisaje pleno de calma, donde la presencia de un tren era una ilusión nunca cumplida en mi fantasía de aficionado. Esa ausencia perenne en el escenario perfecto creó en mi inconsciente la obsesiva necesidad de presenciar alguna vez la escena completa, la panacea de un tren minúsculo (pero a la vez único y central objeto) irrumpiendo en medio del magnífico escenario inmóvil y silencioso. Recién en la gris, fría y solitaria mañana del 18 de julio de 1980 la escena se mostró completa, y finalmente la ilusión estuvo satisfecha y el espíritu libre de su sufrida obsesión.

Confieso que me ha costado mucho no sucumbir a la feroz tentación de modificar la redacción original, y aseguro que salvo uno o dos pequeños cambios en la narración he mantenido el texto tal como fue editado originalmente en 1980″.

11 Comentarios

  1. Ayer justamente (31-07-21) fuí a ver si encontraba rastros de esas vías que de pibe eran mi límite para llegar con mi bici y pegar la vuelta, más exactamente Av Belgrano (continuación de Espora Límite de Guernica y tal vez F. Varela) y esas vías que lamentablemente no encontré ni rastros, lo que me provocó una tristeza inmensa ya que tenía esperanzas de encontrar algún indicio. Ahora que estoy jubilado y tengo tiempo, voy por el resto del G3, a ver que encuentro por su traza. Saludos.
    Ariel.

    • Ariel, soy de Catán y comparto lo que comentas. Yo lo viví así, del otro lado del río. En mi caso íbamos con la bici hasta el río y cruzabamos el puente con la bici al hombro, para seguir nuestra aventura hasta el Camino Real junto al centro atómico Ezeiza. Ése era el límite para mi. Impensado hoy dejar a mis hijos ir hasta ahí solos. De todos modos retengo en mi memoria las imágenes de las pocas veces que vi circular trenes por ese ramal. Un abrazo!

  2. Tuve la suerte de hacer ese viaje junto con mi amigo Juan Carlos González y luego hacer la instrucción del Servicio Militar al lado de sus vías. Pensar que hoy comienza a tener sentido un tímido servicio de pasajeros entre Catán y Canning…

  3. De pibe tenía que pasar obligatoriamente algunas tardes en Etcheverry y por supuesto la estación era el lugar, tuve la suerte de ver alguna vez el corto tren con máquina a vapor recogiendo al algún vagón y luego alejarce en dirección hasta perderse en curva hacía Catan, siempre me quedo ese recuerdo, me parece sentir el ruido de la locomotora (año 1960)

  4. Una lastima lo de este ramal y su final . En Youtube, hay exploradores que encontraron las vías de ese ramal en zonas como los bosques de Ezeiza o a cercanías de la desaparecida estación Villa Numancia, aún intactas (en ciertos tramos,obvio) y poniendo el grito en el cielo para revivir este ramal y encarcelar a los responsables de este ferrocidio o asesinato de ferrocarril,….. Justicia ya!!!

  5. pasaron mas de 40 años desde la nota original, mientras tanto todo cambió, y podría haber sido para mucho mejor. el puerto de La Plata casi inaccesible, este ramal podría ser un aporte importante, por lo demás paramos como lo era Canning hoy muy poblados, el paso por un lateral del Aeropuerto de Ezeiza podría ofrecer conectibilidad con la capital de la provincia y el oeste, pero despertamos y recordamos que vivimos en el pais del revés . Triste realidad como tantas otras.

  6. Sr Ariel Iglesias ,,hay un video de ALEXIS porque puedo,,estacion Buchanan,,es sobre Coco quien la cuida desde hace mas de 20 años..esta en Youtube,y son 2 ,,disculpe no se poner el enlace,,soy de madera con la Pc,una historia de Vida emocionante,Atte Americo.

  7. A todos los interesados, desde el espacio de #AmigosDeBuchanan los invitamos a que se acerquen a la Estación ubicada en el Punto Kilómetrico 47. Si bien por el momento no cuenta con servicios de agua potable ni ningún otro servicio, es junto a COCO su fiel ángel guardián y cuidador honorario que buscamos preservar lo que queda de ella.
    Mi nombre es Ezequiel Ruiz Diaz, y soy cicloturista. Pueden seguirme en mis redes sociales como Cicloturista Suelto, tanto en Instagram, como en Facebook. Venimos realizando jornadas solidarias de limpieza y mantenimiento en la Estación junto a Coco Logiocco

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