MS6A: Las “burras grandes” del Central Argentino (primera parte)

Mientras se completaba la electrificación en los corredores urbanos, el Ferrocarril Central Argentino incorporó diez locomotoras tanque que sorprendían por su gran tamaño y dieron cuenta de un rendimiento sin igual.

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[Por Carlos A. Fernández Priotti] A mediados de la década de 1920 se estaba recuperando el crecimiento económico luego de la depresión de post-guerra, trayendo aparejado un aumento del tráfico, incluido en las secciones urbanas de Buenos Aires donde operaba desde 1916 el servicio electrificado entre Retiro y Tigre C.; en los restantes corredores el refuerzo de los servicios operados a vapor estaban llevando a su límite la capacidad de las locomotoras Clase L3a (números 1001-1040) y era sensible la necesidad de incorporar material más poderoso que pudiera capear el lapso hasta que se completara el esquema de electrificación.

La solución fue revolucionaria, consistiendo en el diseño de una versión con tanque de las ya probadas y muy exitosas locomotoras para cargas Clase CS8a, transformadas a una configuración 4-8-4T única en la República Argentina y que sumada al uso de la tecnología compound de dos cilindros, se convirtieron en casos únicos a nivel mundial.

Se encargó una primera partida de 10 unidades (números 501 a 510) que fabricó en 1927 la prestigiosa firma Sir W.G. Armstrong Whitworth de Newcastle-on-Tyne, Inglaterra. Sus ruedas motrices eran de 1,575 metros de diámetro, un cilindro de alta presión de 572 mm. de diámetro y uno de baja presión de 800 mm., ambos con carrera de 660 mm., estando sus calderas timbradas a 200 libras por pulgada cuadrada (14,06 kg/cm2). El peso total en orden de servicio era de 112 toneladas, con peso adherente de 64 toneladas, capacidad para agua de 2.500 galones (11.365 litros) que alojaba en sendos tanques laterales y parte del bunker detrás de la cabina compartiendo con la carbonera con capacidad para 3,5 toneladas, y su longitud entre paragolpes era de 14,97 metros.

Estas máquinas tuvieron un desempeño superlativo dada la excelencia de su diseño y fabricación. Luego de completarse la electrificación suburbana de Buenos Aires en 1931, fueron asignadas a servicios de media distancia de cargas y pasajeros así como remolques entre patios y/o puerto; algunas “subieron” a Rosario donde una de ellas (Nº 505) fue la encargada durante largos años del remolque de la larga formación del “Obrero” entre Rosario Central y Talleres Pérez. Precisamente esta unidad es la única que ha sobrevivido al soplete, hoy conservada en el centro de preservación Museo Raúl Scalabrini Ortiz (Haedo, Buenos Aires). [Ir a la segunda parte]

 

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