Rumbo al sud: crónica de un viaje soñado (capítulo 2)

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[Por Ariel Scolari] Aún conservaba la sensación del abrazo que nos habíamos dado con Carlos Espinoza en la estación de Viedma. Carlos se había acercado a despedirnos, a conocernos en persona y a obsequiarme su último libro cuyo título es Roberto Arlt en la Patagonia.

Parado en la escalera de acceso al pulman venía disfrutando de la salida de Viedma. Le había pedido permiso al guarda para poder filmar la salida allí parado. La llovizna del atardecer no fue impedimento para que disfrutase de ese momento. Las bocinas de la GT se escuchaban a lo lejos toda vez que nosotros íbamos ubicados en el último coche.
La salida de Viedma es por demás lenta. El estado de la vía en este tramo no es precisamente el mejor. Hay muchas precauciones y por momento da la sensación que si fuésemos corriendo a la par del tren, no solo que lo haríamos a la par sino que lo sobrepasaríamos.

Para poner rumbo al Sud y buscar General Palacios (La primera estación) hay que dar un inmenso rodeo a un salitral que anteriormente supo ser un espejo de agua, razón por la cual la traza toma esta dirección. Lentamente las luces de Viedma van perdiendo intensidad en el horizonte con un anochecer que le ganó la pulseada al día. Ya no queda ni siquiera un tenue resplandor del astro rey.

Acomodados cada uno en su asiento del Pullam, comentamos lo hermoso que se encuentra el coche y si por un momento cerramos los ojos estamos en un tren de FA de hace mínimo 30 años…

La limpieza es excelente. Funcionan todas las luces individuales (Un detalle muy de agradecer sobremanera en viajes con tantas horas de noche) El personal de a bordo del tren, además de tratarnos con suma amabilidad (Como lo hacen con todos los pasajeros) mantienen la limpieza a lo largo de todo el viaje. Barren y pasan el trapo de piso varias veces, los baños se mantienen limpios y pulcros. Hay dispenser de agua fría y caliente. También hay valijero para colocar grandes equipajes.

Hablando con el personal del tren, es muy grato escuchar como “tienen puesta la camiseta de su ferrocarril” defendiendo su fuente de trabajo:
“-Este tren nos pertenece a todos nosotros y nos da de comer a cada día. Si nosotros hacemos las cosas bien, ustedes regresan o recomiendan futuros viajeros. Esa es nuestra mejor publicidad. Sabemos que no es la mejor situación en muchos aspectos, pero nosotros defendemos nuestro tren y nuestro servicio haciendo nuestro trabajo con suma responsabilidad” (Esto nos lo contaba Rivero, quien lleva más de 30 años de Ferroviario y actualmente es guarda en el Pullman).

La charla es distendida. El coche está ocupado apenas en un 40% de su capacidad, razón por la cual pensamos esta noche podremos disponer de 2 asientos cada uno para poder dormir relajados.

En eso pasan Carlos y Lorena, quienes son los camareros del coche comedor, tomando nota quienes van a cenar y si lo harán en el primer turno de las 21 horas o en el segundo de las 23. Mis compañeros prefieren anotarse en el primero, razón por la cual los acompaño. Lo malo de cenar en el primer turno, es que a horario del postre arribaríamos a San Antonio.

Todo transcurre de acuerdo a lo normal. El Pullman apenas se balancea y disfrutamos de una hermosa calefacción que transforma el viaje en algo muy placentero.
Escucho a mis compañeros que cuentan sus experiencias anteriores, en épocas de Ferrocarriles Argentinos, cuando ellos sabían viajar en este ramal.
Para mí en este recorrido es mi primera experiencia.

Cuando queremos acordar estamos llegando a General Palacios, estación en la cual no nos detendremos y proseguimos viaje hacia O´Connor nuestra siguiente estación donde nos informa el guarda, que es una estación facultativa y nos detendremos porque allí están los muchachos de la cuadrilla de Vía y Obras que viajan cada viernes a San Antonio y regresan a este lugar en el tren de cada lunes.

La lluvia por momentos es más intensa y dibuja complejos jeroglíficos en los vidrios de las ventanillas. Con el Doro arrancamos a matear. Parece que somos los dos únicos “mateadores” del grupo. Siempre es de agradecer “un verde” bien ensillado y si el mismo es uno de Fanáticos del Ferrocarril, el placer es doble.

Continuamos viajando. Hace una hora que salimos y pareciera que pasaron 5. Daría la sensación que esta primera etapa se va a hacer bastante larga.
Sin lugar a dudas el viaje recién comienza. Los asientos del pullman están impecables y la distancia entre uno y otro es muy generosa (Nada que ver con los modernos chinos) razón por la cual la estadía en ellos es por demás agradable…

Seguimos avanzando y poco a poco nos acercamos a O´Connor nuestra primera parada en medio de la noche. (Continuará…)

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