Un viaje en el tiempo a los talleres Riachuelo

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La Compañía General de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires fue una empresa de capitales franco-belgas cuya red llegó a sumar casi 1300 kilómetros de vía, atravesando las zonas agrícolas más ricas del noroeste y centro bonaerense y vinculándose en Rosario con la red de trocha métrica del interior del país.

Ubicación de los talleres. Contribución J. L. Frías [Clic para ampliar]
Para la reparación y mantenimiento de su material rodante en el año 1909 erigió un conjunto de instalaciones en un amplio predio ubicado al sur de su estación Cabecera (Buenos Aires) y lindante a la estación de carga Riachuelo, que en un ejercicio de imaginación hoy los invito a recorrer viajando atrás en el tiempo unos 80 o 90 años.

Comenzaremos nuestra recorrida en la esquina de las calles Osvaldo Cruz y Luna (esquina que existe hoy pero no hace 90 años) donde enseguida distinguimos la vivienda del sub-jefe de talleres de Mantenimiento. Sobre la misma calle, unos 100 metros hacia el sur, alcanzamos a distinguir otras viviendas similares que pertenecen al jefe y al encargado de almacenes generales, pero dado que el tiempo apremia nosotros nos aventuramos en sentido contrario y tras pasar la casa del inspector de Tracción y la fonda para los empleados alcanzamos el conjunto de edificios que componen los almacenes, observando en primer plano el que nuclea el depósito de maderas, herrajes y pinturas y frente a él la oficina administrativa.

Otro seis galpones completan este núcleo operativo que se extiende por casi doscientos metros hasta llegar al taller de reparación de coches: un enorme edificio de mampostería de 21 metros de frente por 55 metros de largo con cinco vías de capacidad que en su extremo suma un depósito de materiales, una cocina y el comedor para el personal de doscientos metros cuadrados de superficie.

Esta sección está dotada además de agujereadoras electroneumáticas transportables que, según nos cuentan, facilitan enormemente los trabajos en curso. Un puente grúa de 7 toneladas es el utilizado para el movimiento hasta este sector de grandes piezas en reparación como por ejemplo los cuerpos de cilindros de locomotoras a vapor para su posterior retorneado en su parte interna.

Unos cien metros detrás de este encontramos la nave de fundición. Con un área de 864 metros cuadrados está equipada con un horno para fundir acero con capacidad de 1,5 toneladas por hora y una sección de colado  rotativo para bronce alimentado a petróleo y una maquina hidráulica de moldeo automático.

Hacia el lado contrario encontramos el edificio de la usina, que aloja en su interior las calderas Babcock & Wilcox encargadas de mover los generadores marca Oerlikon que entregan corriente trifásica de 225 volts. Cabe destacar que esta alimentan también a la estación Buenos Aires, la playa de maniobra y los galpones de carga. Durante un tiempo, según nos contaron, se intentó utilizar energía entregada por por la Compañía Hispano Argentina de Electricidad, pero debido al elevado costo de transporte se optó por volver a la producción propia.

Una imponente muralla de ladrillos marca el límite norte de los talleres, y detrás de él alcanzamos a distinguir las instalaciones del intercambio «Sola», donde un gran puente-grúa se encarga de traspasar la carga pesada entre los vagones de la CGBA y el Ferrocarril del Sud.

Volviendo al presente, descubrimos que prácticamente nada queda de aquellas enormes instalaciones y el ritmo febril de trabajo que alguna vez albergaron. La nacionalización de los ferrocarriles a finales de la década de 1940 devino en un excedente de talleres en la zona (Boulogne, Libertad, Tapiales, Puente Alsina, La Plata, etc.) que aceleró la clausura de aquellos cuyo funcionamiento resultaba mas oneroso. Desde entonces, la combinación de un marcado fenómeno de migración (interna y externa) y la falta de políticas de acceso a la vivienda dieron lugar a una progresiva y sistemática ocupación irregular del espacio público, dando origen a uno de los asentamientos más poblados de la ciudad.

De los talleres sólo sobreviven dos edificaciones convertidos en dependencias públicas y unas pocas estructuras de hierro que se elevan desnudas como faros del pasado. La única presencia ferroviaria hoy es la vía que vincula la estación de carga Sola y Kilo 5 del Ferrocarril Roca, que discurre solitaria entre calles de tierra y muros que se yerguen presurosos engullendo los ecos de un pasado de esplendor.

A continuación una selección de imágenes de los talleres Riachuelo ayer y hoy. Usando las flechas ubicadas sobre los lados se puede avanzar y retroceder la presentación.

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